Hernán Casciari |

La última vez que estuve en Buenos Aires conocí por fin a Sáenz Valiente, uno de los mejores dibujantes de historieta del universo. Con Juan habíamos trabajado juntos en mi cuento “La madre de todas las desgracias” que apareció en la Orsai N3. Fue un placer hacer cosas con él, a la distancia. Me enloqueció a preguntas para adaptar la historia, y eso es fantástico. Desde entonces supe que Juan volvería a estar en la revista. ¿Pero cómo? ¿Y haciendo qué?

Esta mañana me llamaron de un programa de radio venezolano, imagino que muy oído en el país (porque empecé a recibir correos de oyentes casi de inmediato), y los presentadores me preguntaron por la experiencia Orsai, el «novedoso» método de distribución de la cultura, etcétera. Respondí con tristeza, porque Venezuela es una piedra en el zapato. Imposible distribuir cultura latinoamericana en ese país, por culpa de no sé qué ridiculez del mundo viejo.

La historia ocurre en una Argentina de pesadilla. El país se quedó sin carne y nadie tiene qué comer. En medio del caos, el Ejército recluta a los varones mayores de edad. Los saca de sus casas, de los bares, de donde sea. Los arrastra a empujones, los uniforma y los obliga a pescar. En los afluentes del río Paraná han crecido surubíes enormes que son atrapados por gomones de Gendarmería y suministrados a los habitantes hambreados del conurbano bonaerense.

Le pedimos a nuestro gran amigo Franco Pastura (distribuidor de Orsai en Rio de Janeiro, y gran periodista) que nos recomiende lugares, que nos cuente trucos, que nos avise por dónde anda la policía y cuáles son los sitios liberados. Es decir, una crónica turística, pero muy enfocada al mundo cuete. Pero Franco fue más allá: también nos da un panorama histórico del porro en Rio desde la colonia hasta los problemas actuales del narcotráfico. En resumen, una crónica Orsai, desde la punta hasta la tuca.

En un largo perfil firmado por la periodista Ana Prieto, María Kodama habla del extraño casamiento en Paraguay, de la herencia, de los derechos intelectuales, de los juicios que ganó y perdió y de su ambigua relación con internet («allí uno entra y encuentra cualquier cosa, hay cada error…»). Revela que duerme solo cuatro horas, que viaja sin descanso propagando el legado de su marido. Y aprieta los dientes cuando se le menciona a Bioy Casares («es un traidor, solo un cobarde hace lo que él hizo»).

Las últimas dos semanas fueron las primeras con redacción en Argentina y yo solo en España. Y funcionó. No me sentí triste ni nostálgico. Skype prendido las veinticuatro horas, Dropbox trabajando en línea desde cuatro países, corrección de textos triangulados entre Mercedes, Sant Celoni y San José de Costa Rica, dibujos que venían de Lérida y de Rosario y de Madrid, pruebas de imprenta… Pero en realidad silencio absoluto en casa. Yo en piyama hablando solo. Sin miradas cruzadas ni ronda de mate. No sé. Fue raro, pero fue lindo.

Estamos de cierre hasta el domingo. Toda la redacción está en Buenos Aires menos yo, hundido en el invierno español. Conectado al Skype veinte horas al día y sin tiempo para actualizar. Pero es jueves, día de goteo. Y tenía ganas de contarles que el número cinco de Orsai no tiene gollete. Vemos páginas, recibimos textos e historietas. Tiras cómicas y entrevistas. Columnas y cuentos. Es la mejor revista de la historia. Pónganle la firma.

Escribo esto justo cuando el contador llega a dos mil. Por lo tanto, mantenemos el ritmo a pesar de los días de turrones y petardos. Mientras nace el año yo sigo leyendo y respondiendo un millón de mails y comentarios con sugerencias, quejas, confusiones de distribuidor, pataleos de suscriptor, decepciones económicas y un montón de gente que no sabe qué hacer en el paso ocho. En medio de tanta carta, se me ocurrió algo.

Si hace una semana empecé el texto diciendo que ya éramos mil suscriptores anuales a la nueva revista Orsai, hoy lo inicio con mejores noticias: ya somos casi mil quinientos. Esto indica una progresión constante, y nos obliga a tomar decisiones. Según los números, llegaremos al objetivo a finales de enero. Por lo tanto vamos a entrar a imprenta el 20 y la revista estará en el bar el 1 de febrero. Ya es hora, entonces, de ponernos a trabajar.

El contador de suscripciones anuales a la nueva revista Orsai acaba de llegar a mil. En nueve días, y sin noticias sobre los contenidos o la cantidad de páginas, mil lectores ya compraron las seis revistas del año próximo. Y eso que todos saben que habrá una versión en .pdf, gratuita, el mismo día que cada revista llegue a sus casas. Repito: acabamos de vender seis mil revistas. Seiscientas sesenta y cinco por día. Veintiocho por hora.

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