No deja de sorprenderme en cuántas cosas pueden convertirse los textos de Orsai, sin que uno (que es el autor perezoso) haga demasiados esfuerzos para que tal cosa ocurra. Un cortometraje —flamante— es una de las ramificaciones que más me han gustado. Lo dirigió Andy Feldman, a quién le regalé una historia narrada aquí en abril del año pasado, y él la adaptó con buen gusto. Se trata de un cuento real y trágico, en donde confesé por primera vez mis problemas a la hora de sacarme una foto. Y de cuánto sufrió mi madre por eso.
Justamente por ser una historia real —juro que cada cosa que narro allí ha ocurrido—, ver el cortometraje acabado me genera una sensación muy extraña de cercanía y prodigio.
Y cómo no, si aparece la mismísima Chichita cagándome a palos, si aparezco yo mismo con cara de imbécil, si aparece mi abuelo Marcos (excelente composición de Miguel Ángel Paludi, que bufa en la ficción igual que lo hacía mi abuelo) y aparece, sobre todo, el clima de mi infancia. El empapelado del comedor, el olor de las mercerías, el eco de la pelota en el gimnasio.
Es complicado y poco usual que al autor de un relato le guste lo que otros han hecho con él. Y yo tengo la suerte de que me ha encantado. Ojalá que a ustedes también.
Argentina, 2007
| Director | Andy Feldman | |
| Intérpretes | Lucas Mascareño (Hernán chico), Natalia Galván (Chichita), Federico Marrale (Hernán grande), Miguel Ángel Paludi (abuelo Marcos) |
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| Fotografía | Daniel Mendoza | |
| Dirección de Arte | Jesica Ayub | |
| Montaje | Alberto Ponce | |
| Música | Ezequiel Silberstein | |
| Descargar video | Ver cortometraje completo |
Antes de dejarlos con el texto original, que adjunto aquí debajo, comparto también una noticia que me acaba de hacer llegar Andy Feldman y por la que estamos todos muy contentos. El corto ha sido elegido para la sección oficial del Swansea Bay Festival (Reino Unido) y también se verá el 20 de octubre en el 19º Festival de Cine de Girona (Catalunya), donde seguramente estaré viéndolo en segunda fila, porque me queda cerquita de casa.
Desde los tres años de edad empecé a desarrollar una patología muy extraña, casi perversa, fruto de algún complejo o trauma no resuelto. No sé bien por qué hacía aquello. Nunca lo supe, pero tampoco era capaz de evitarlo. Lo que me ocurría podría definirse como un tic, pero no lo era. Podría excusarse como una gracia infantil, pero tampoco era eso. Me pasó durante años, y lo sufrí en silencio hasta hoy, que lo diré en público, a pesar de que todavía me causa un poco de vergüenza recordarlo: en la infancia yo arruinaba las fotos. Todas las fotos. Y nada ni nadie podían detenerme.
Cada vez que veía a alguien a punto de hacerme una fotografía (individual o de grupo, casual o pautada) una fuerza más poderosa que cien caballos me obligaba a poner un determinado gesto histriónico. Siempre el mismo gesto, durante dolorosísimos años. En mi casa de Mercedes hay cantidad de fotos mías, que van desde que tengo uso de razón y hasta la primavera de 1978, en donde aparezco inmortalizado con esa cara de idiota. Burlándome del buen gusto y despreciando la posteridad de los álbumes familiares.
La mueca, técnicamente hablando, era un involuntario homenaje a cuatro celebridades. Un segundo antes del flash, yo inflaba las mejillas como el actor mexicano Carlos Villagrán, ponía la trompa como el cómico argentino José Marrone, y los ojos bizcos como Susana Giménez. A la vez, ladeaba un poco el cogote para la derecha, como el científico americano Stefan Hawking. El resultado era de un brutal patetismo.
Las primeras ocho o doce veces que lo hice me festejaron la gracia. Según mis estudios posteriores, comencé a desarrollar esta enfermedad en Mar del Plata, en el verano del ’74. La primera foto que arruiné todavía existe, descolorida, en algún cajón de mi casa. En toda la serie de fotografías de aquellas vacaciones tengo ese gesto infame. Pero mis padres no captaron entonces la gravedad del suceso.
Al principio se reían, creyéndome un gordito extravagante. Con el tiempo le restaron importancia al asunto con una frase que usaban mucho conmigo para casi cualquier cosa:
—Dejálo, que está llamando la atención.
Sin embargo, los años y las fotos se sucedían y yo no lograba quitarme esa mueca de la cara cada vez que oía el clic de una cámara. En la intimidad de mi habitación, y aún siendo muy niño para traumatizarme por algo, yo sabía que tenía un problema grave. Los demás, en cambio, seguían pensando que aquello era normal y pasajero.
Marcos, mi abuelo materno, fue el primero en darle importancia al asunto. Durante la Navidad de 1976 llamó a mi madre aparte y le dijo que yo era un pelotudo, que había que hacer algo con urgencia, que no podía ser que me burlase de toda la familia y le arruinara, sistemáticamente, las fotos de las Fiestas y las Pascuas, y que si alguien no me encarrilaba a tiempo, yo de grande iba a terminar muy mal: o muerto apuñalado en una zanja o, lo que es peor, dijo mi abuelo tocando madera, haciendo rutinas cómicas en los programas de los hermanos Sofovich.
El regreso a casa en coche resultó ser la primera confrontación pública con mi enfermedad secreta. Mi madre, un poco cortada, me dijo que dejara de hacer monerías en las fotos. Me lo dijo con calma, pero dolorida por el sermón de su padre, al que respetaba mucho. Y sobre todo, me lo dijo como si esas muecas fuesen algo manejable para mí, como si yo, realmente, pudiese controlar el problema. Me aconsejó dejar de hacerlo, y se quedó tranquila.
En marzo del ‘77 comencé la escuela primaria. Yo ya no era un chico de jardín de infantes, ya no se me perdonaba todo: comenzaba a usar guardapolvos blanco, bléizer, e iba engominado al Colegio. Ya sabía leer, y ya sabía escribir. A las dos semanas de clase nos sacaron a todos al patio para hacernos la típica foto de grupo. Las maestras me colocaron en la primera fila, a la izquierda de la pizzarra negra que ponía “Primer Grado, 1977. Escuela Nº 1”.
Lector generoso. Un lector de Orsai, dos días después de publicado este artículo, me remitió vía email esta fotografía que en mi casa ya se ha perdido para siempre. La foto, en tamaño natural
Juro que hice un esfuerzo sobrehumano para que no ocurriera la catástrofe, pero la mueca apareció, inmensa, justo justo en el momento del flash.
A la semana, en un sobre color madera, llegó la fotografía escolar a mi casa y las cosas empezaron a complicarse. Mi madre se desinfló en la cama grande, angustiada, y guardó la foto en un cajón en vez de ponerla en el álbum. No hablamos del tema nunca. Por fin todos sabíamos que yo padecía una extraña enfermedad, pero la familia no era capaz de afrontar el tema en la sobremesa.
Pasó todo ese año en puntas de pie. Yo intentaba no ponerme jamás delante de una cámara, y mi madre me quitaba de las reuniones y cumpleaños cuando llegaba el fotógrafo. Pero al siguiente marzo, cuando empecé segundo grado en un colegio distinto, los nuevos profesores (ignorantes de mi patología) me dieron otra vez posición de honor en la foto de grupo. “Segundo Grado, 1978. Escuela Normal Superior”, decía esta vez la pizarra. Y como el tiempo pasaba veloz, la foto ya era a colores, y mi mueca asquerosa apareció, entonces, tres veces más nítida y real.
Mi familia ya no sabía qué hacer conmigo.
Una tarde de junio, meses después de la foto, mi madre se encontró con una señora en la mercería, y en medio de una charla trivial de nuevas vecinas, ambas descubrieron que tenían hijos de la misma edad en idénticos establecimientos educativos. La señora se acercó entonces al oído de mamá para contarle una infidencia:
—Igual lo más probable es que al mío, el año que viene, lo cambie de colegio, porque mucho no me gusta la Escuela Normal.
—¿Por qué? —preguntó mi madre.
—Ay, es que ahí dejan matricularse a cualquiera —dijo la señora—. Hay dos chicos medios negritos, de la villa miseria, en la misma aula que nuestros hijos…, y tras cartón también hay uno que, pobrecito, es retrasado. ¿Vos no viste la foto del gordito mogólico? Yo me fui a quejar enseguida… No puede ser que un chico te arruine una foto que es para siempre.
A madre se le llenaron los ojos de lágrimas, pero se mordió los labios.
—Por suerte a la semana les hicieron la foto de grupo otra vez —informó la vecina—, pero al retrasadito no le avisaron. ¿Vos tenés la segunda foto, no.
Yo estaba jugando con el Segelin cuando vi aparecer a mi madre como una tromba. Los ojos inyectados en sangre, las venas de la frente como fideos recién amasados… Sin embargo, en vez de golpearme se acercó a mí, se sentó en el sillón, me miró a los ojos como si yo fuese un criminal, o un pintor que le empapeló mal el comedor, y se puso a llorar sin consuelo. Me miraba y lloraba. Me volvía a mirar, y comenzaba otra vez el llanto.
Entre sollozos, me contó lo que había ocurrido en la mercería, y me dijo, en medio de unos pucheros asmáticos, que se sentía la madre más desdichada del mundo. Que tenía vergüenza de mí, que no podía creer que estuviera pasando todo eso, que se estaba secando de puro dolor.
Jamás había visto a Chichita de ese modo. Nunca. Es preferible mil veces que tu madre te pegue con una chancleta hasta que se te levante la piel de la espalda, a verla llorar en serio, sin esperanzas, mientras te mira a los ojos.
Para mí aquello fue como una revelación. Un mensaje. Verla llorar fue el fin de mi trauma y de mis muecas. Supe, inmediatamente, que no volvería a arruinar una foto en la reputísima vida de dios. Apreté los puños y me lo juré a mí mismo. “Se acabó Hernán —me dije— tenés que ser un hombre, todavía no tenés ni ocho años y ya has dejado a tu madre sin esperanzas; si seguís en este tren, antes de los quince sos Robledo Puch”. Todo eso me dije, temblando por dentro como una hoja, y me prometí cumplir con la promesa aunque me costase un calambre facial.
Tres semanas después tuve la primera oportunidad de redimirme; fue en el Club Ateneo. Jugábamos nuestra primera final de básquet contra los chicos del Quilmes, en la categoría pre-mini. Antes de cada final deportiva un fotógrafo viene y hace una foto de ambos equipos, que después es colgada en la pizarra de corcho de todos los clubes, y además la compran los padres y salen en los diarios locales. Era mi oportunidad: el destino me estaba echando un cable, y debía aferrarme a él con las dos manos.
Aquella tarde yo llevaba el número 5 en la pechera, y mi musculosa celeste; creo que fue la primera vez en la vida que recé en serio. Cuando el fotógrafo se acercó y nos pidió que nos apiñáramos, crispé la mandíbula y le pedí a dios que, en su infinita sabiduría, me permitiera sonreír normalmente, como una gioconda basquetbolista, como Claudio Levrino en la tapa de la Radiolandia, como Él quisiera, pero más o menos parecido a un angelito decente. Respiré hondo, miré la cámara, levanté el mentón, y el flash me encegueció de incertidumbre.
Jugué esa final con el corazón asustado, alegre por dentro de haber posado como una persona normal, pero no muy convencido de que me hubiese salido bien. Jugué un partido confuso, perdí varias pelotas, pero no recuerdo si salimos campeones o no; mi triunfo estaba en otra parte. Mi gloria no era basquetbolística: era el triunfo de la dignidad y la voluntad del hombre. Y estaba casi convencido de haberlo logrado.
A la semana vi la foto en el corcho del club. Todo había salido perfecto. La mueca no estaba. La busqué con lupa, pero no estaba allí. La que vi era mi cara de siempre, mi cara del espejo, mi cara del reflejo de las vidrieras. Una leve sonrisa, la frente alta, la musculosa celeste, mis compañeros de juego escoltando mi normalidad. Fui, por un momento, el jugador de básquet más feliz del mundo.
En casa, sin embargo, no dije nada. No quería vanagloriarme. Preferí esperar a que tocase timbre el mensajero con las fotos, y que mi madre recibiera la buena nueva sin condicionantes, sin promesas ni expectativas.
El sábado siguiente, temprano, yo todavía estaba en la cama. Sonó el timbre, mamá salió a atender, y escuché que le estaban entregando las fotos del Club, en el sobre papel madera de siempre. Mamá despidió al mensajero y se quedó en el pasillo, en silencio. Oí ruidos de papeles que se abrían. Y después silencio. Uno o dos minutos de silencio.
Pensé: “Está bien que no me diga nada, que no me felicite ni me agradezca… Porque, bien pensado, no hice algo fuera de lo común, sólo hice lo correcto, lo que debería haber hecho desde el principio… No, no merezco premios, no hay mejor premio que la serenidad de conciencia”. Entonces, en medio de ese pensamiento, mamá entró a mi cuarto con un cinturón y empezó a pegarme como jamás lo había hecho en toda su vida.
Era una madre ninja. Me pegaba con la mano libre, con el cinto, y me daba patadas con los pies; el ritmo era devastador. A causa de la sorpresa, no tuve tiempo para cubrirme. Me tapé con la manta y me dejé pegar. En la oscuridad de la cama, en medio de los golpes y los gritos de ella, no entendía qué estaba pasando. Cuando acabó, saqué tres cuartos de cabeza afuera y la vi: ella lloraba sentada en la punta de la cama.
Me miró con odio y rompió la foto y el sobre en cuatro pedazos, frente a mí:
—¿Otra vez? —me dijo, desesperada— ¿Otra vez me hacés hacer pasar vergüenza adelante de todo el pueblo? ¿Hasta cuándo? ¡Por el amor de dios, Hernán! ¿Hasta cuándo.
Se levantó llena de humillación, salió de mi cuarto y pegó un portazo seco. A mí me dolía todo el cuerpo, y estaba temblando de pánico, pero tuve fuerzas para agacharme a levantar los pedazos de la foto. La recompuse sobre las sábanas, con mucho cuidado, pero no vi nada nuevo. Era la foto que ya había visto en el corcho del club: yo estaba sonriendo, con la frente alta, con mi musculosa celeste.
Y entonces supe la verdad.
Aquella era la primera foto que veía mi madre con mi cara normal. También era la primera vez que yo mismo me veía en una foto sin mis muecas. Era la primavera de 1978. Era sábado. Ese día comprendí, por primera vez y para siempre, que no soy fotogénico.
… pri pri porfis porfis
Gracias Hernan!..
buenisimo.
Gracias
Soy pri??
Es que era muy bueno el texto… así cualquiera…
Hola Hernán, me parecen muy divertidos tus escritos …
Me llego el mail “Orsai actualiza: un corto y enseguida volvemos” y lo primero que pense fue: “no gordo! ahora te aburriste de orsai?”. Temi lo peor, pense que luego de quedarme sin Damaso, sin Bertotti y sin petit, ahora también perderiamos Orsai, quedando confinados a leerte en espoiler.
Despues entré al blog, lei de que se trataba todo y volvi a poner la gillette en el botiquin.
No puedo mirar el corto ahora, pero volvi a leer el cuento que sirvio de inspiracion, y volvio a parecerme excelente.
Felicitaciones por esta nueva ramificación.
Muy bueno el corto.
Me encanto! Y recuerdo muy bien haberlo leido hace un tiempo
Hernan;
sos increible!
besos s
Felicitaciones por el corto! Lo estaré viendo con el segundo capítulo de heroes 2 temp este fin de semana!
Besos!
Excelente texto (me reí muchísimo) y un excelente corto también. Si algo tengo que criticar son las actuaciones, no me gustaron, le faltó algo, nose, tal vez mas naturalidad y esas cosas que solo los grandes actores nos tienen acostumbrados, tal vez el papel actoral sea lo mas difícil de perfeccionar, un mal director no se nota tanto como una mala actuación. El mejor fue el abuelo.
Saludos.
nunca me gustó ver las versiones en pantalla de algo leí anteriormente.
generalmente mi propia película (en mi cabeza) nunca coinciden con las que muestra el director.
El corto es bueno, se nota que está bien hecho el laburo… pero me quedo con eso que da la lectura: Hacerte tu propia película
Hay cortos que se vuelven largometrajes con lo que uno le aporta cuando acaban. El rico material que llega desde el fondo de uno mismo y encaja apretadito entre las imágenes, en silencio, aún, todavía, del otro lado, en las íntimas, amorosas, veladas historias de otros.
Fabuloso.
El papel de regalo… en esa época… ¿no se cuidaba mucho? Se abría despegando despacito el “c/seloplín” para no romperlo. Podía servir para otra ocasión. (Aunque la curiosidad y ansiedad nos afilaba los dedos)
Eso de rasgarlo porque trae buena suerte creo que responde a mandatos muy modernos donde se tira todo para poder comprar de nuevo todo.
Felicitaciones equipo de talentosos!
Un abrazo
Excelente… felicitaciones!!!
Gracias por compartirlo con nosotros!!! Me gustò mucho. El nene que representa a “Hernàn chico” es genial!!
Felicitaciones. Y si, el corto es bueno, porque el texto era muy bueno tambien
Mientras miraba el corto pensaba en lo emocionante que debe ser ver algo escrito por uno, filmado por otro. Y después pensaba en lo emocionante que debe ser ver algo escrito por uno, sobre la familia de uno, filmado por otro, con actores que hacen de los familiares de uno.
Qué loco. Me gustó cómo quedó, está lindo.
Felicitaciones a los responsables,
José.
Buenos dias Hernan!!.
Antes que nada, mi bien me llego el e-mail, y lei el titulo
pense que hivas a tomarte un tiempo sin escribir mas en Orsai.
Me decilucione, hasta que lei mas, y me di cuenta que no,
fueron unos segundos nada mas…
El corto me encanto, (me enamore de Lucas Mascareño).
Nunca pensaste en estudiar fotografia?,
Quizas hubieses sido muy bueno. (No tanto como escritor, pero quien sabe).
Las cosas suceden por algo…
(Haha, la foto me la guarde!, muy linda.)
Muy bueno todo! (:
Un Besoo!!,
deni.
Gordo, el corto está muy bueno. El texto está mejor, pero eso pasa siempre.
La actriz que encarna a Chichita no es muy buena, pero bueno….demosle un changüi.
Hernán, eres mi héroe. EL cuento está precioso, pero la foto está más bella aún.
Disfruto muchísimo tus escritos, pero éste e “Instrucciones para la Masturbación del Hijo”, me han conmovido profundamente.
Todo mi cariño desde Venezuela
Nunca he entendido porqué, siendo tan manifiesta la “argentinidad” de los textos de Orsai, sus textos nunca me han parecido argentinos del todo. Ahora, visto el texto en el corto, con esos cantitos, esas maneras tan “pelotudas” de hablar… entiendo porque me gusta leer en español y ver cine en inglés.
Como sea, lo contemporáneo y el sentido de pertenencia generacional no me los quita nadie, ni el corto más austral.
¡Ay, pobrecito! El corto me encantó, pero me diste mucha pena.
Igual, lamento ser tan cruda, pero en las fotos de ahora no mejoraste mucho. Basta con ver la del Espoiler.
Hola a todos, Hernan un genio, como siempre, a veces pienso si no te cansaras de tanta alabanza :P
Aqui les paso la direccion para descargar directamente el video. Yo tuve problemas para verlo desde la web, no se terminaba de cargar nunca.
Saludos desde La Rioja (Argentina)
El cuento es bueno Hernan, el corto tiene buenas tomas y la ambientación está muy bien hecha…pero los actores…lo sentí sobreactuado, especialmente Chichita. El abuelo también lo noté sobreactuado, de hecho hay un traspié en el diálogo que, según yo, debería haber sido arreglado y no pasó.
Igual felicitaciones Hernán.
Hernán Casciari, ¿eres consciente de que eres el mejor escritor online de toda la blogosfera?
Acabo de empezar en este mundo y me parece bastante jodido triunfar, aún así, ante tanto bochorno y desesperación, me leo tus inquietantes textos para mi masturbación mental propia.
Gracias. Y, si gozas de suficiente tiempo, visita mi sitio: http://www.realismosucio.com.
Un abrazo.
No estoy de acuerdo con que los actores sean malos, pero, claro, es la opinión de cada uno.
Hernan, quijounagranpu… como me cague de risa con el cuento (aún no vi el corto por cuestiones de decencia laboral) me sentí identificadísimo porque el mismo mal me aqueja pero desde grande, y en el caso reverso al tuyo, la causa de que ahora hago muecas, es porque durante años traté de salir bien en las fotos y siempre me salía cara de pelotudo, así que ahora lo hago adrede y que se vayan todos a cagar.
Te diste cuenta que de chiquito te parecías a Rodrigo Noya??
Como en El Padrino: mejor el texto que la película.
Felicitaciones, viejo, por tu talento.
AAB
Coincido con todos los que dijeron que las actuaciones son malas. Y la adaptacion del texto tambien es muy mala. Lo primero con lo que disiento es que se relate en 3ra persona. Creo que un relato en 1ra persona hubiera generado mas identidad con lo narrado. El texto original es genial, pero no está enriquecido en la version audiovisual. El trabajo artístico y a nivel tecnico del corto es muy bueno, pero tanto el guion como las actuaciones dejan gusto a poco.
Tampoco entiendo porque no se corrigio el traspie en el dialogo del abuelo.
De puta madre. Felicitaciones…
Ya tengo los huevos planos de felicitarte por cosas como estas.
Lindisimo el corto!!!
No había leído el texto, muy bueno.
Yo actualmente hago muecas en las fotos, no te das una idea lo que mejoraron, compartimos evidentemente el hecho de no ser fotogénicos.
Bueno, miro el corto y me pongo a laburar, muy bueno, como siempre.
Insoportable el corto! Como todos los cortos!
Encima, para pior, ni siquiera el que protagoniza al gordo puto del orto de Hernán, es gordo!
al #34: basta de indirectas.
Con la cara de badulaque que tenés, te admiro igual, gordito.
Sip, yo también coincido en que las interpretaciones de Chichita y el abuelo no son buenas. Y ni hablar del traspié. El niño me gustó.
Bueno, que querés que te diga. Comparar el corto que hicieron (puede que no esté tan mal, yo de cine mucho no entiendo) con lo que yo me imaginaba mientras leía tu post original es como comparar a Heleno con Frank Sinatra.
Un abrazo.
Que miedo Hernán!! en estos dias que se pasan estoy leyendo el libro de Mirta, porque la extraño y ahora con este título me asustaste querido!!! uff menos mal.
Lindo el texto, me reí bastante, el corto lo veo después.
Besos
Hasta donde vas a llegar¡¡ Gordo puto¡¡
El cuentito lo había leido en su momento, y me gustó mucho. Ahora lo vuelvo a leer y me gustó más. Del corto, opino que estoy mediatizado por la nostalgia argenta (vivo en Madrid desde el ’77), y me cayó bien. Lo vi como una expresión gráfica de algo que ya había leido, y no me fije en la parte tecnica. Felicitaciones. Te escucho en la radio. chau.
Espero que saquen algún día una película.
=)
Muy muy lindo…muy bueno. Me encantó.
Ya el texto me había gustado.
Saludos.
No hay como la magia de la historia escrita, uno se hace su propia pelicula. Igual lo del corto esta buenísimo, seguro lo vivis como un crecimiento de tus textos que son como hijos. Va…digo yo, igual pa crecer esta la Nina.
Saludos
Lo mejor de todo esto es que nuevamente haya un traspaso de género en las cosas de Hernán. El texto supera con creces, y mas creces, al corto. Eso es verdad. Quizá sería interesante que fuese mas largo, donde se puedan exponer esos varios detalles que se escaparon en el video. (Los policias riendose, por citar un ejemplo)
Quien haya leido el texto en su momento como yo, disfrutará mas el corto. Las actuacion del abuelo es la mas creible. Lo que se olvidan es que hernán era gordito, yo te cambiaría al actor. Quizá por eso le gustó a hernán tanto.
Felicitaciones a los chicos del corto por el proyecto, la idea es genial.
Dicen que una imagen vale por mil palabras…. me sigo quedando con tus textos que me enternecen, me llenan de bronca, me despiertan nostalgias y me permiten sobretodo recrear con mi propia imaginación la trama y vivenciarla un poco como mia.
El corto está bueno, pero hay que mirarlo antes de leer tu historia, sino, pierde la magia.
Felicitaciones por otro logro, espero la proxima sorpresa.
(ahora que me enseñaste a dudar de todo, especialmente si me dicen que es verdad, ¿sos vos el de la foto? ….. )
Felicitaciones Hernán.
Releí el post aludido, y descubrí un posible error aquí:
“A la vez, ladeaba un poco el cogote para la derecha, como el científico americano Stefan Hawking.”
Si te referís al tipo cuadripléjico que habla de agujeros negros, pues es un científico británico, no americano, y se llama Stephen en lugar de Stefan.
Me extraña que no me haya dado cuenta de eso cuando leí tu artículo por primera vez hace ya bastante tiempo.
Muy buena la historia Hernan, me rei mucho y a la vez me senti identificado. Yo tambien arruinaba las fotos tapandomela cara y demas, pero solo en las familiares. En fotos de compañeros del colegio, del equipo (como la tuya de basket pero de rugby) y hasta en la del colegio salia bien. Mi mama siempre opto por la no violencia y, en vez de pegarme, decidio dejarme de lado en las fotos. Me decia que me corriera, que no le interesaba que saliera tapandome. No creo que una paliza fisica hubiera dolido tanto, a esos dolores espirituales no hay hielo que los desinflame. De mas esta decir que termine suplicando que me re-integraran a las fotos familiares, justo a tiempo para salir en el cumple de 90 de la Nona Pura, ultimo 6 de febrero que estuvo con nosotros.
Me ha gustado el corto como me gustó en su día el relato.
Gracias Hernan, me hiciste pasar un buen rato.
PD. Por cierto he visto la foto tuya de niño y el de la película se te parece un montón.
Debe estar bueno que hagan un corto con un escrito tuyo, pero te comento que el nene parece autista no pelotudo… es mudo el pibe???
Besos cortos.
y diaz te saco el rol de gordito?
decile a andy si quiere que me contacte
trabajo en y con festivales de cine
a lo mejor logramos hacerlo llegar a otros festivales
hace poco mi dentista me pidio que le traiga fotos de mi adolescencia, queria comparar algo antes de preparar una corona.
no encontre ni una sonriendo.
no se me ocurrio tan claramente que yo estaba gritando algo con la boca cerrada
es que no se pongan exigentes! encontrar un niñito que actuara de verdad la cara esa, habría sido demasié, imagínense que así no habría necesidad de relator… está bién el corto! qué tanto!
Me reí y todo, y eso que ya conocía el cuento… pero como siempre me dió pena Chichita, otra vez le exponen la intimidad y ahora en el cine! pobre santa…
ps
felicitaciones Hernán y adhiero a lo dicho por el sr. Gris y a lo que dice Ginger, lamentablemente, también.
Aun así no es el único que sale haciendo carasa en la foto. Pero pobre mamá…me dio lástima.
brishante.
Si en la ficción los nombres coinciden con la realidad: vos sos Hernán, tu vieja es Chichita y tu abuelo es Marcos, entonces ¿por qué tu viejo es “Jorge”?
Otra cosa, Girona está a 40 de Roses, ¿por qué no visitás el Alt Empordá y te venís a tomar unos mates con tus chicas, incluida la Yúlia?
hernan…….sos el mejor….tendrías que haber sido elegido para la votación de el Gen Argentino…..no hay ningún mail que me ponga tan contenta como la actualización de orsai….
Gracias!!
Te faltó escribir el nombre del actor que hace de tu padre en los créditos del corto.
Hola. Soy de Luján y tengo casi tu misma edad, y llegué a tu blog porque me lo recomendaron. Me pareció excelente.
Te mando un saludo y te invito a pasar por mi blog.
Alejandro
http://alejandrorampazzi.spaces.live.com/
Muy bueno!! me gustó! estas volando Hernan!
Qué maravilla poder ver plasmado en la pantalla una historia tan personal. Y encima con esa calidad. No me suele suceder, pero en este caso me gustó tanto la peli como el relato original.
Sos un grosso, Hernán.
Bueno, ahora que vi el corto en casa puedo opinar… disculpando la amistad que te une con el realizador… QUE PORONGA!!!
Que capacidad de arruinar un relato tan redondo como el que le diste, que imbecilidad cambiar el remate.
Encima el director peca de lo que el 90% de los “estudiantes de cine argentinos” padecen, nunca usan su nombre (Andy, por que mierda Andy y no Andrés como se debe llamar), usan mucha música con violonchelo, en donde sea, incluso en este relato que no tiene una carajo que ver, erran en detalles triviales (¿cuando mierda se le dio propina al cartero en este país?). Y el pibe, por dios. el pibe, tenía que ser pelotudo, no autista!!.
Disculpame Hernán, pero el corto no se le acerca ni a los talones al relato, es un bodrio como casi todos los cortos que se hacen por acá, y encima se ve que hay guita puesta.
PD: El que hace de vos grande es el hijo de Jorge Marrale, no? si es así, una vez más queda demostrado que el talento no se hereda…
Si bien tomo la palabra acerca de las sobreactuaciones (me faltó más angustia en el niño) y en cuanto a la narración en 3era persona, (el corto me dio un gusto a “Amèlie” que hubiera sido más degustable siendo hablado desde “YO”) y que añadiría una foto actual (la de spoiler está magnífica) que confirmara la continuidad de la enfermedad en el hoy… es más cierto aun que disfruté mucho el texto y el corto, oscilé y me sacudí entre la carcajada, la angustia, la rabia y la lágrima… y comprobé una vez más, Hernán, que ORSAI es tan efectivo como la psicoterapia pero mas barato y a domicilio.
Sería un excelente tema de tesis: “Efectos psicoterapéuticos de la lectura de ORSAI sobre el adulto hispanohablante deprimido promedio”.
Sería otro excelente modo de explotar tus textos trasladándolos a diversos géneros.
Y de ganar algo de fama y dinero a costillas de tu genialidad.
Gracias por este rato gordito.
Saludos a los comentaristas desde Venezuela.
Hace tiempo que tenía ganas de preguntarte algo…menos mal que posteaste esto del corto, ya que de esta manera me evitaste el inconveniente. Ahora entinedo porque en el google cuando pongo tu nombre aparece solo una foto…no era pura coquetería o misterio como alguna vez supe creer.
Saludos y bienvenido al club de los no-fotogénicos
Mirá yo nunca fui de hacer caras de ningún tipo, pero todas mi fotos (al menos para mí) son horribles…
No te preocupes, somos varios los de los traumas inmortalizados, para siempre, en los papeles Kodak…
Un beso Hernán y suerte.
Como siempre, me gustó mas el libro… lo que me encantó fue la mercería, igualita a la mercería El Cóndor de Av. Galicia 400 y algo, en Avellaneda, que fue vilmente vaciada y transformada en pizzería berreta hace unos 10 años.
Bien por Feldman, aunque me gustó más su interpretación de Igor en el Jovencito Frankenstein.
Siempre en una foto de grupo se necesita alguien que ponga la torta que bueno que haya sido hernan para tener una historia que contar.
Ademas me trae recuerdos, en mis fotos siempre salgo de lo peor y mi escuela tambien se llamo escuela normal superior pero yo no hice muecas.
saludos hernan.
Muy buena la historia…saludos al que te envio la foto…
Lo conoces?
He leido todo lo que has publicado a traves de orsai, pero siempre he sufrido la terrible duda de si es verdad cada una de las cosas que cuentas, cuando te refieres a tu vida claro esta… De cualquier manera no importa si es asi o no, lo importante es que eres, simplemente, genial… Con un fuerte abrazo, desde caracas…
#67: La fotografía de 1er grado me la envió un lector de Orsai al que no conozco, un par de días después de que publiqué el cuento original. Se llama Ricardo Conte y me escribía esto:
“Soy Ricardo Conte, cuñado de Darío Pittoni (el 2do desde la izquierda). Además, seguidor tuyo desde la carta a Maradona, que alguien leyó en un acto de la escuela Normal de Mercedes, donde soy profesor de Tecnología.
“Aunque te leo siempre, solo dos veces agregué comentarios en Orsai, bajo el nombre de RTIC (r de ricardo y tic de tecnología de la información y las comunicaciones).
“Vi esta foto por primera vez el domingo de Pascua del año pasado, en la casa de los padres de Darío, y me llamó la atención el chico que estaba haciendo muecas.”
Y me adjuntaba esto.
Fue una enorme alegría reencontrarme con la foto. Por supuesto, Chichita había roto la copia que teníamos en casa treinta años antes, en un rapto de locura muy típica suya.
Felicitaciones a Feldman. Es especialmente conmovedor ‘oírte’ en perfecto argentino ( qué lindo que suena;-D)
Te espero en Madrid
¿Y Darío no tendría la primera y segunda foto de segundo grado?
No m’hijo, porque en segundo grado me cambiaron de colegio. (“Pero al siguiente marzo, cuando empecé segundo grado en un colegio distinto,…”). La foto de segundo grado era peor, porque la cara de pelotudo me salió en colores.
¿Y Darío no tendría un bate de baseball para darme en la cabeza?
(Y conste que he visto el comentario original, gordo)
(Pongo Federico en lugar de Bart para evitar la sensación de chat)
¿Por qué tan pocas veces apareces por aquí, Casciari?
Primero de todo, Hernán, amigo, confirmar una sospecha: lo timidos y -cuando no tímidos- sosainas que somos los naturales de tu nuevo país de residencia a la hora de decidirse a participar en aquellos blogs que están bien escritos. Los usos y los modos de la muchachada que te escribe lo denotan. Ambas cosas.
Viene aquí a propósito un cuento breve que no es mío sino de Rafael Azcona (guionista del director de cine español Luis García Berlanga a la sazón papá del finado Carlos Berlanga a la sazón alma mater del grupo musical Dinarama) acerca de la fotogenia. La anécdota forma parte de una película dirigida por el segundo de ellos titulada “Moros y Cristianos” (dejo aquí constancia).
Se contaban en la cinta las andanzas de una familia de turroneros alicantinos de rancia estirpe (Berlanga es valenciano y ejerce como tal) que tratando de subirse al -por aquellos días exitoso- carro de la mercadotecnia para no perder ventas, encargan a un consultor de mercados la elaboración de unos carteles y un video con los que promocionar sus productos.
Les convence este consultor, un vivales -el inefable López Vázquez- de que los personajes intervinientes en el vídeo de marras habrán de ser -siguiendo una moda entonces en boga- los mismos integrantes de la familia confitera: padres, abuelos, hijos, nietos…. salvo, eso sí, un hijo mozallón del empresario, que por ser ligeramente retrasadillo, un borderline que se diría ahora, honor que le correspondió en el reparto interpretar a Andrés Pajares, debería ser sustituido en los rodajes por un profesional del medio. Decir, aquí, que el ínclito Pajares -bobalicón medio avispado, como es- se pasa toda la película de Berlanga en chándal tocándole el culo a la mucama de la casa. ¡Vaya, algo así cómo un Hernán crecidito!. ¡O cómo quién les habla!.
Terminado el rodaje del spot y reveladas (entonces se usaban todavía los carretes plásticos) las fotografías, se presenta en la mansión de los turroneros, López Vázquez con los frutos de su obra. Lo primero que exhibe ante los distintos miembros de la familia es una gran foto mural en la que todos ellos posan unidos, y sonrientes, en el gran salón de la casa. Una foto que en su momento, se tomó mil y una veces en orden a poder conseguir que en alguna de las instantáneas resultantes del revelado a los modelos les cupiera mostrar la mejor de sus caras.
La van examinando uno tras otro y a nadie convence. Todos, ellos y …
… y acá he hecho el putas de una manera rotunda, ya que si quieren todos o algunos de ustedes saber como concluye esta historia no les quedará otra que conectarse a mi blog…
Mil perdones, Hernán. Sé que vas a poder comprenderme. Tú, sí.
julian bluff.
Como decia el turco Asis en uno de sus cuentos
‘habia un cuentista uruguayo llamado Tolstoi,que le dijo a Rosa Luxemburgo ”pinta tu aldea y seras universal” ‘
Vaya Juan Carlos que lo logro
Haff
pd los empleados de ENCOTEL iban vestidos como ese cartero?parecia un oficial del ejercito ingles
Me gustó mucho el corto (bastante textual, gracias a dios) pero me gustaba más el final de tu cuento, cuando en la foto de el equipo te dabas cuenta que no eras fotogénico, lo que le sigue a esa “casi” escena es relleno…
Me ha encantado el corto, pero me quedo con el escrito… Tienes esa gran facilidad para describir escenas, olores, colores, ambientes… Antes de verlo, ya lo había imaginado con más pelos y señales que las mismas imágenes.
Saludos.
Muy bueno el corto, el post y el recuerdo!!
Me hizo acordar mucho al capítulo de la serie Friends, donde Chandler y Monica buscan una foto para su casamiento. A que sí!!
http://www.youtube.com/watch?v=Yxvw_q8niVQ
waldo
El corto? bueno. El texto? INSUPERABLE.
Gracias por compartirlo con nosotros, humildes mortales.
Felicidades!!
SOL (para que no me confundan)
Excelente trabajo el de Andy Feldman.
Felicidades a ambos.
Muy bueno el corto; muy bueno el Texto… Honestamente, y como ya te dije una vez, no soy lector asiduo (eso no quita que no sea admirador), pero por suerte me acostumbre a leer y disfrutar en este Blog… Yo tambien la 1ra vez que lei el titulo del Texto pensé “ta, se nos va”… Pero despues lei bien y me rescate :P
Un abrazo, estimado,
A cuidarse…
La verdad que me desilusiono, cuando lei por primera vez ese texto, redactado en primera persona lo senti tan, pero tan propio que maldije el ser fotogenico, el cortometraje con voz en off, se me hizo tan distante, tan ajeno y verte de grande flaco una burla al los hechos.
Gordo, sos lo mas grande que hay, tus textos son tus textos.
Te estan catalizando, ten cuidado con el monstruo que te engulle, te quieren converso esos locos
Qué horrible esa sensación de escuchar desde la cama, sin que sepan que estás escuchando, porque sabés que ahí dicen la verdad que no te dirían.
Me gustó mucho la actuación del abuelo.
Otro éxito, como nos tenés acostumbrados.
Saludos
Oyom
(la revista con cachetes de marrana flaca)
Hola Hernan, este texto no recuerdo haberlo leido, cdo. leí me dio mucha risa como lo contaste pero cdo. vi el corto me dio un poco de pena, ke se yo… ver al abuelo diciendole esas cosas a la mamá o lo de la señora de la mercería…
En fin espero que no haya sido taaan asi como lo muestra el corto y me quedo con tu relato con ese toque de gracia que es muy bueno. Un abrazo grande desde Santa Fe, Argentina.
Casciari:
Una breve apostilla: en “La desgracia venía en sobres de papel madera”, atribuyes nacionalidad mexicana al actor Carlos Villagrán, parte de la troupé de ese icono de la imbecilidad televisiva que se autonombra Chespirito. En realidad, quien personificaba a Kiko es chileno. Él y otros actores terminaron peleando con Gómez Bolaños por los derechos sobre los personajes, y se dieron, algunos, a rodar por el mundo con pequeños circos aún más patéticos que las teleseries. Por lo demás, buena historia y buen cortometraje.
como sea van cuatro comentarios en uno. No entraba desde el post de los albañiles, ya hace un buen tiempo, y me encuentro de un golpe con 4 de los mejores que he leído, todos me emocionaron y me costaron una buena hora de producción, en fin, se pagó con creces, no hay como la inspiración y la motivación que generan tus artículos, con el testamento de imaginación del padre al hijo, recordé mis propias fantasías favoritas, que fundamentales son nuestros mundos paralelos, también debo felicitarte por la lección de integridad al mantener tu libro en la web y tu visión de lo que es el verdadero “mercado” de los regalos y con el de tu chiste en la revista haciendo que recordara mis propios sueños de comienzos de los ochenta y lo mágico que es la escritura… muy pero muy buenos… para mí todos fueron como uno solo
Hola! vi luz y entre.. jeje! muy muy bueno…. una historia tierna, con mucho color.. Me gusta tu blog! y me gusto el corto
Saludos!!!
Me conmovió mucho la historia. Lloré al final y todo.-
Hernán, muy bueno el texto. Hermoso el corto. Me gustaron mucho, realmente revive la vida cotidiana de los últimos 70 y primeros 80.
El actor que hace de “Hernán adulto” es pariente de Jorge Marrale?
Notita de corrección: el físico inglés que mencionás se llama Stephen Hawkins (no Stefan).
¿Hiciste autorretratos?….
Es mágica la transformación de los contenidos. Hace unos meses a una bloguera venezolana, de esas narradoras sabrosas de lo femenino, también le adaptaron un post a cortometraje.
Es sencillo pensar que hay correspondencias entre estos formatos por su extensión.
Enhorabuena
excelente relato. felicitaciones por el blog.
Hernán que ridículo voy a hacer pero ahora si que me dejaste sin comentarios, que risa me dió.
Jajaja
Nueva lectora, nueva y feliz lectora de Orsai… felicitaciones!
“El analizador de tempranos comportamientos infantiles” que pueda expedir certificados impajaritables de personalidad, ese seria un invento genial, los dolores de cabeza que todos los padres se ahorrarían……imagínate que a la edad de 5 años ya se sepa a que subdivisión de vertebrados perteneces, pelotudo rescatable o sin solución.
Mirando para atrás todos ahora veíamos venir lo que somos, pero por décadas vivíamos en el oscurantismo y en los sueños obsesionados de nuestros “tatas”.
Me gustó que, tanto en el texto como en el corto, se transmite que lo que para los demás era la gracia del nene era para él un trauma. Mi fobia a las fotos me hace salir corriendo cada vez que veo una cámara. Cuando era chica cometí el grave error de permitir que me armaran una fiesta de cumpleaños con salón y todo. Me pasé toda la noche saltando de una punta a otra para que no me sacaran fotos, tanto que el fotógrafo fue a quejarse con mis padres porque no podía hacer su trabajo. Si hubiese podido, seguro que, como el abuelo de Hernán, les habría dicho “pasa que su hija es una pelotuda, señores.”
Hola Hernán-
Soy lectora relativamente nueva, tu blog cada vez me gusta más (es que empecé a leer los post por orden cronológico, para imaginarme que encontré tu blog desde que lo iniciaste Je!)
Lo he recomendado mucho, algunos de tus post los he enviado por correo a mis compañeros de trabajo que no se caracterizan por ser lectores y les han gustado lo cual habla maravillas de tí.
A mi jefe le recomendé el blog de la mujer gorda y como respondió “Es muy bueno pero tengo poco tiempo para entrar a internet”, me dí a la tarea de conseguir el libro y regalarle un ejemplar. Mi ejemplar por otra parte, me fue arrebatado y debe andar deambulando de mano en mano.
No te aburras pronto de este blog, a todos los lectores (me imagino), nos hace falta la sonrisa que nos queda tras terminar de leer tus post.
En vacaciones se me ocurrió tomarme una foto y jodí la cámara. Yo tampoco soy fotogénica.
Hay gente que se pelea por ser el primer comentario pero yo pienso que ser el comentario #100 es todo un honor.
Saludos Hernán :)
no me parece bueno… sobreactuado el abuelo, la vecina…
tampoco me gusta la voz en off…
por favor, hernan, se han hecho mejores cosas.
LLegue aqui a traves de bestiaria,
resulta que tambien eras famoso…
cuanto blog me falta por recorrer..
El corto es realmente muy bueno. Y la ambientación años 70 excelente. Pero lo que realmente me dejó impactado es ver en acción la máquina del “Cinegraf”!!!!. Impresionante el recuerdo de tardes y tardes viendo las películas del zorro en el cinegraf (si es que no morías quemado por el calor que desprendía o electrocutado)
La adaptación del texto es buena y creo que la historia da un paso más gracias al corto, especialmente para los que tenemos esos años.
Gracias gordo por seguir escribiendo
Saludos desde Galicia
Alex
esta muy bien.. pero vuelve!!!
la ambientación es genial…aunque las actuaciones no me cierran (en realidad creo que es porque uno se imagino tanto a chichita o a hernan chico que debe ser difícil recrear algo así…8 puntos!
besos
Susy, la única, la de siempre…
es mi primera visita y no será la última, me gustó tu forma de escribir y la admiré por lo sencillo y vívido que me resultó
nuevamente felicitaciones
¡Muy,pero muy bueno! Tanto la idea como el corto. ¡Impresionante!
Me quedé pasmado con la escena del negocio porque me hace acordar a la de mi vieja en aquel tiempo.
Hernán, la verdad es que cada dia me gusta mas la forma en que escribes. Tenes un gran talento.
Yo soy un aficionado a la “escritura” ya que me da pudor decir literatura, y aqui les dejo mi blog:
http://los-lacedonia-muller.blogspot.com
Por si aalguien aburrido quiere ver mi primer relato y criticarlo, sera bienvenido aun cuando sea duro.
Saludos a todos,
La verdad es que soy mexicano y siempre pensé que Kiko era mexicano. Ahora gracias a los comentarios me entero que es chileno. Lo que ilustran los blogs.. ;)
Saludos.
Lo fui a ver.
¡Pero qué buen actor el que interpreta a tu abuelo!
¡Pero qué fuerte que está la actríz que interpreta a Chichita!
¡Pero que turra la actríz que interpreta a la guacha de la merceria!
He dicho.
Hernán, utilicé el nombre de tu último libro como título de mi último texto (dedicado al mal llamado Día de la Raza).
Acá te lo dejo, quizás te interesa (por lo menos para cobrar derecho de autor, Jaja!)
España, Perdiste
Saludos.
jon!