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La información de la contratapa era prometedora. Tenía todos los condimentos que hacen interesante a una novela: un enigma, una reunión de personajes ilustres, odios ocultos y un poco de sexo. El problema empezó cuando el órden de los factores alteró el producto.
En su momento había comprado El anatomista por la polvareda que levantó. La Fundación Fortabat le había entregado el Primer Premio, hasta que Amalita leyó el libro y puso el grito en el cielo. Personalmente no me pareció tan escandaloso como para tanto lío ni tan espectacular como para tanta defensa, así que cuando apareció Las Piadosas, decidí concederle el derecho a la duda y lo compré. El problema de Andahazi es que tiene una verdadera obsesión con la sexualidad, que no sé si responde a problemas personales no resueltos o a una imaginación limitada. Eso se los dejo a criterio de Ustedes.
Lo que podría haber sido una novela gótica de intriga, se transforma en una constante repetición de situaciones sexuales que pretenden ser insospechadas y terminan siendo desagradables. Confieso que no tuve valentía para leer las publicaciones posteriores a Las Piadosas, será porque todavía me acuerdo de los refranes de mi abuela, eso que "para muestra alcanza un botón..."