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Ni la leí, ni la pienso leer. Me da bronca, porque me pierdo las páginas de Quino y no sé si de Fontanarrosa, pero es que ya se les fue la mano.
La revista Viva es uno de esos paradigmas dominicales de que cualquier pavada a cuatro tintas y fotos de calidad encaja en la categoría de revista. Son la expresión viva de la Biblia y el Calefón.
Y sientan la base para que se entienda que un medio no depende del contenido sino de su diseño gráfico y la chequera de sus dueños.
En el volante que anuncia su número 10 años, al final del resumen de contenidos y antes de la cocina de Blanca Cotta, avisan, en un item separadito:
* Además las columnas de Valeria Mazza y Beatriz Sarlo
Fuera de joda. Lo dice clarito. Y del otro lado aparece un facsimil de la tapa... ¡Donde lo vuelven a poner!
Apaguemos la luz y a a buscar las patas de rana, porque estamos viendo pasar los barcos desde abajo.
Alguna de las dos - la Sarlo o la Mazza - se estará cagando de risa, y la otra no entenderá un pomo, como siempre.