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Un chico en esa edad en que los cosos de Friends empezaron discutir pavadas en la tele tomando capuccino, está haciendo los trámites para obtener la nacionalidad polaca. Su madre atiende un negocio en una galería en pleno Once. Su padre se fue a Israel después de su circunsición y no volvió nunca más. Judíos, coreanos, tanos, jovatos, una abuela sobreviviente del guetto, un bar con mayonesa sospechosa, y una cámara que persigue al protagonista interpretando sus nervios.
De tales recortes está hecha El abrazo partido, película nacional de esas que nos hacen desear que mucha más gente filme historias mínimas, y que esos textos sean el cine argentino.
Para muestra, un ojal. Ariel Makaroff (Daniel Hendler) está hablándole a un amigo sobre la chica con que salió, y a la que dejó escapar. Las palabras exactas no me las acuerdo, pero el monólogo era más o menos así:
"Con Estela nos conocemos desde siempre. Desde que teníamos diez, doce años. Estábamos bien, nos entendíamos. Y en ese momento empezás a pensar: de acá en más, es así hasta la muerte. Sigo acá, y me meto en un tubo que desemboca en la muerte. Y por eso me fui corriendo.
Y ahora sé que lo mismo me voy a morir, y ya no voy a tener a Estela para que hasta entonces me acaricie la espalda."
Si la están dando por tu zona, andá sin miedo. Incluso podés moquear tranquilo, y en el cine nadie te ve.