![]() |
He leído prácticamente todo lo que hay traducido de este albanés (unos doce libros); últimamente me pasa que a la cuarta novela como mucho del mismo autor les pierdo el interés, pero Kadaré cada vez me engancha más.
Es una voz absolutamente única, dice las cosas de un modo que parece antiquísimo, sencillo y directo como los cantares narrativos populares que asoman continuamente en su obra. Como ellos, se diría que fija para siempre lo que cuenta en fórmulas esenciales, arraigadas en la misma naturaleza de las cosas, pero desde luego alejadas de cualquier inocencia o simpleza. Por ejemplo, se me haría muy difícil tratar de describir el efecto de un desconocido que entra en una reunión después de leer esto:
Cuando entraron en la habitación grande, acompañados por el dueño de la casa, todos se removieron, murmuraron, alargaron las cabezas como un seto lleno de arbustos y flores de colores que se reanima inesperadamente con un golpe de viento.
Así debieron de sonar a su público las primeras metáforas de Homero. Frescas, recién inventadas, aún intacta la capacidad de encender una chispa en la mente del lector. Sólo desde un sitio como Albania se puede escribir todavía así, libre del peso de tanto y tanto escrito.
Este libro en concreto es de una tristeza avasalladora; la historia cenicienta y casi inmóvil de un militar que va desenterrando cadáveres de una antigua guerra mantiene todo el tiempo un aire de inminencia de desastre: el autor no para de sembrar pistas falsas, previsibles puntos de quiebra de la trama, catástrofes posibles que creemos anticipar (y que, pensamos, abaratarán el libro cuando ocurran). Pero una y otra vez la novela nos hace un regate y sigue girando sonámbula en torno a tres o cuatro elementos inmóviles. Y -del mismo modo que el general no sabe a ciencia cierta si lo están provocando esos campesinos cabrones con sus sonrisas cejijuntas- nos quedamos con la duda de si el autor ha previsto que querríamos ser más listos que él.
Es un pedazo de escritor, este Kadaré. Léanlo antes de que le den el Nobel.