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Yo a Sabato no lo quiero. Pero ni un poquito lo quiero. Por eso me da rabia que sea capaz de escribir reflexiones tan brillantes. Compré este libro hace pocos días, a la vuelta del trabajo, y con mala predisposición empecé a leerlo al subir al subte.
Este es un libro que deberían leer los españoles. Y los argentinos. Sabato escribió una bitácora de sus últimos dos viajes a España contando sus vivencias personales, día por día. Lo que sintió, los recuerdos, el miedo al olvido, los homenajes. Y establece una comparación interesante entre los contrastes que se establecen en los dos lugares, el ojo observador según donde te encuentres.
Lo que más me sorprendió de este libro fue el cambio que se produce en su forma de ver la vida, cuando verdaderamente siente que ya está llegando a su final. Recuerdo que en el libro "Antes del fin" terminé con la sensación de un tremendo pesimismo, de un mensaje de mucha desesperanza. Ahora es exactamente a la inversa. Aún cuando comienza a escribirlo dentro de uno de los períodos más terribles de nuestra Argentina (principios de 2002), en cada una de sus reflexiones puedo leer entrelíneas que realmente desea mejores oportunidades de vida, pero no por eso se priva de emitir críticas agudas a fenómenos que él considera equivocados.
Y hasta donde su vanidad se lo permite, es también un homenaje y un agradecimiento a personalidades del tamaño de José Saramago., Rafael Argullol o Felix Grande.Yo a Sabato no lo quiero, pero no habría justicia en mis palabras si no dijera que por primera vez deseé que el trayecto desde Tribunales hasta Congreso de Tucumán durara más de veinte minutos.