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Stephen Frears es un Señor Director. Así, con mayúsculas. De esos que practican el estilo invisible, es decir que funden el mecanismo narrativo en el interior de la propia trama. Uno no va y dice "Voy a ver una de Stephen Frears" , porque se acuerde de determinado angular - como con las de Brian de Palma -, o por una firma ostentosa, como la que lucen las maravillas de Francis Ford. No. Sacamos una de Stephen Frears del video club (porque las más de las veces, por lo menos donde yo vivo, no llegan al cine) cuando queremos ver una peli de alguien que hace cine en serio.
Basta una lista corta como ejemplo de todo lo arriba escrito: Las relaciones Peligrosas; Ropa limpia, negocios sucios; Heroe accidental; La camioneta; Alta fidelidad; y ahora Negocios entrañables.
Esta vez se trata de un thriller que se desarrolla en un Londres cuyos personajes son todos inmigrantes, de ambos lados del mostrador: explotadores y explotados. Cuando Okwe, un conserje de hotel nigeriano descubre un corazón humano bloqueando el inodoro de la habitación que usan las putas de paso, se desenrosca una trama de intriga y miseria que recuerda al Después de hora de Scorsese, pero en un medio tono que resalta la expresividad del rostro del grone y de la actriz de Amelie
Negocios entrañables borda en una sola historia los sentimientos más hondos, la crudeza de todos los días, la solidaridad en momentos extremos, y lo peor de la condición humana.
No sé cuántos lomos darle: con el de Audrey Tautou basta y sobra. Y eso que sólo se le ven los ojos. Para qué más.