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Señora, si su marido debe viajar mucho por cuestiones laborales, de ninguna manera se angustie ni lo considere como una tragedia, haga como yo: cuélese.
Y si encima el lugar al que se dirige es espectacular, no olvide de agradecerle al jefe, a la empresa y a todos los dioses del Olimpo por tan beneficioso trabajo.
Así que acompañeme que nos vamos a Ushuaia.
El primer vuelo sale a las 5:30 hs., así que si usted tiene alguna esperanza de mirar para abajo y ver algo, lamento decirle que en invierno eso es imposible, vamos, repase Geografía y seguro que se acuerda que cuanto más al sur va, más tarde amanece. Las primeras luces del alba aparecieron a las 9 de la mañana ya sobrevolando Ushuaia, claro que usted no lo sabe, porque si dirige su vista a la derecha se encuentra con montañas a 30 metros y si gira a la izquierda el inmenso mar está a 40, lo único que puede pensar es si su testamento está en órden. En mi caso conté con los dedos y sí, el collar de fideos pintados con témpera quedaba para mi hija, el álbum de figuritas de Pokemón para mi hijo, a Patricia le dejo los tres libros de Predicciones de Horangel y a Valentina que todavía no llegó, mi bambi de pañolenci. Parece ser que otro pasajero le estaba rezando a algún santo milagroso, porque de pronto el avión se enderezó, pegó dos saltitos y paró. La voz del comandante nos daba la bienvenida a Ushuaia, y creanme, se me estrujó el corazón de pensar que era el último lugar habitado del mundo.
Cuando llego a un lugar nuevo, me agarra la hiperquinesia y quiero hacerlo todo junto, ahí nomás me trepé a un taxi, entré corriendo al hotel, comprobé que efectivamente tuviera hidromasaje en el baño, (porque en la lista de hotelería que consulté por Internet, éste ofrecía semejante lujo que ni loca pensaba perderme), tiré literalmente las ocho valijas que llevé para desesperación de mi marido, y partí rumbo a la aventura.
Lo primero que encontré fue un cartel que me recordaba que estaba a 3.040 Kms. de Buenos Aires y a 5.171 de La Quiaca (igual, mucho interés de ir a La Quiaca por ahora no tenía...), me caí de cola como cinco veces, porque les recuerdo que la nieve se transforma en hielo, y a menos que se pongan dos camas de fakir como zapatos, no hay manera de evitar semejantes papelones, pero no se preocupen, como tienen tanta ropa abajo, los golpes ni se notan.
Arrastrandome llegué a la Carcel del Fin del Mundo, que es un edificio gigante ocupado por varios museos, la Municipalidad y la Policía Naval. Como no podía ser de otra manera, traté de entrar justamente por el lugar equivocado, donde los que están presos no son muñecos de yeso, y la entrada es gratuita con servicio de almuerzo y cena incluída. Aclarado el error, me dirigí a la entrada correcta a paso rápido y por primera vez sin caerme, del susto seguramente.
Realmente produce escalofríos (a pesar de la calefacción), ver las celdas y los pabellones de presos. Allí estuvieron alojados personajes famosos de la historia Argentina, desde delincuentes hasta políticos (aunque estos últimos en realidad paraban en casas de familia) y sigue la polémica si verdaderamente pasó por allí Carlitos Gardel, a pesar de no haber registro del mismo.
Cuando salí, disfruté de la nevada más intensa que vi en mi vida, recorrí la ciudad, me tomé como cinco tazas de chocolate con torta, total siempre hay tiempo para adelgazar, subí y bajé como pude por las callecitas de la ciudad, saqué muchas fotos y me fuí a dormir cuando terminó el primer día.
El Parque Nacional de Tierra del Fuego cuando está nevado debe ser uno de los lugares más fantásticos que la vista pueda registrar. A ver, probemos: imaginense un bosque con un caminito en el medio. Ahora saquenle el color y dejenlo todo blanco. ¿Difícil, no?, bueno, esta es una de las cosas en que la naturaleza supera ampliamente a la imaginación. La vista del Lago Roca con las montañas detrás, el nacimiento del Canal de Beagle, la Bahía Lapataia son lugares que no parecen reales. Por supuesto me saqué una foto en el cartel de finalización de la Ruta Nacional 3, que informa la distancia a Alaska: 17.818 Kms. y lo puse al lado del que tengo con los lobos marinos de Mar del Plata.
Visité el Cerro Castor que es el lugar de esquí más característico de la zona, comí corderos a las brasas en Las Cotorras, anduve en trineo tirado por perros, subí al Glaciar Martial en una camioneta 4 x 4 a las 12 de la noche por las montañas (nuestro guía era fanático del turismo aventura, así que decidió que superemos los niveles de adrenalina aconsejables!).
Debo ser honesta y decir que la mayoría de las actividades recreativas de Ushuaia se hacen durante el verano, porque la nieve y el frío no permiten realizarlas, pero creanme que lo mismo valió la pena.
Y tanto me gustó el viaje, que no me interesó que el avión de regreso se retrasara cuatro horas, que en lugar de aterrizar en Aeroparque nos dejaran en Ezeiza, lo único que tenía en mente era no olvidarme incluir en mi testamento que las fotos de Ushuaia se las dejaba a todos ustedes.