![]() |
En 1999 Matt Damon se calzó la piel de Ripley, personaje fascinante si los hay, modelado en la pluma de Patricia Highsmith. La película se llamó El Talentoso Mr Ripley (The talented Mr Ripley), y cada tanto la pasan por cable.
Lo más inquietante de dicha peli, que transcurria en una Italia en la frontera entre los '50 y los '60 - la era de las vespas y el mejor jazz - era la ubicuidad incómoda que iba alternando el espectador a lo largo de la trama.
A ver: Ripley es un personaje en permanente construcción. Un muchacho joven de clase media yanky que va a sacarle el jugo al mango a sus habilidades de convencimiento para lograr escalar posiciones de clase y disfrutar de todo el placer, sobre todo hedonista y cultural, que su propia condición no le permite.
Así convence al padre de un chico de familia rica de que mantiene amistad con su hijo, y éste lo envía a Europa a convencerlo de que vuelva a casa. En Italia convence al muchacho que es amigo de la familia, y cuando el tinglado está a punto de caérsele, lo mata y adopta su identidad.
Y ahí está la cosa: en determinado momento uno ya no sabe si escandalizarse por el grado cero de escrúpulos de Ripley, desear que lo descubran o lo detengan, o rogar porque le vaya bien y la pegue.
Esa es la clave de Ripley: es alguien cuyo desapego moral es algo más que una cuestión de principios. Es una insistencia hiriente en la ausencia de pasión, y eso impone distancia. Se lo observa como a esos camafeos antiguos y raros. No sabemos si nos gustan o nos inquietan, pero no podemos dejar de mirarlos.
40 años después, ya asentado en una villa italiana, Ripley vuelve pero esta vez en la osamenta de John Malkovich.
Malkovich tiene la rara cualidad de venir interpretando un personaje fatuo y pedante a lo largo de varias películas, a veces peligroso, a veces no, pero es imposible sacarle la simpatía de encima. En este momento me vienen a la cabeza Las relaciones peligrosas; En la línea de fuego, y en la que ésto está presente hasta la autoparodia: ¿Quieres ser John Malkovich?
Así que Malcovich se cruza con Ripley, y dirigidos ambos por Liliana Cavani (Portero de Noche ¿se acuerdan?), El amigo americano aborda el asesinato como un cruce raro entre estilo y desapego.
Porque Ripley tiene estilo; es casi un cirujano. Pero no deja de ser un pecho frío y un fanfa, y entre los dos extremos de esa cuerda transcurre la historia.
Hay como un río subterráneo que transcurre por abajo de esa superficie pulida. Creo haber sentido el rumor, pero no alcancé a llegar a él. A lo mejor con los días llego, como suele pasar con algunos textos una vez que reposan. Si lo encuentran, avisen.
Y como siempre, no puedo evitar la sensación de que Malkovich me toma el pelo.