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Como a toda película francesa, tenés que verla si y sólo si dormiste la siesta. Pero si esás en condiciones de meterte en el ritmo, de a poco te vas divertir con este disloque habitado por actrices de primera, y contado con humor muy fino.
Además, sigo en la misma: un director en serio se distingue sobre el resto en cómo fotografía a sus actrices. Y acá hay ocho. Y cada una en su perfil están endiosadas por la mirada de François Ozon.
Si ya la sola presencia de Emmanuelle Béart (que no sé si seguirá siendo la esposa de Polansky, pero está igual de buena que cuando era), paga sola el alquiler del DVD, la tensión erótica entre Fanny Ardant y Catherine Deneuve ya mismo debería estar ternada en alguna de esas categorías imposibles que se disputan los premios MTV.
Entre una intriga policial de novela enigma, la trama que va derrapando de lo inverosímil a lo Cha Cha Chá de Casero, sus musicales autoparódicos bañados en paleta technicolor, pero subida, 8 mujeres es una de esas cosas que te sorprenden como una muñeca rusa.
Y Dios conserve por siempre a la Deneuve.