Libros | Jueves 16 de Septiembre, 2004
Desgracia, la de no haberlo leído antes

por Adrián [Weblog] [Mail]

Me acerqué a Coetzee meses después de saber que le habían dado el Nobel y que el hecho había levantado gran revuelo entre los del gremio. Triste es que tengas que acercarte a algo movido más por la curiosidad morbosa que por sus propios méritos, pero al fin y al cabo lo hice. Fui a mi librería habitual y como de costumbre no tenían nada ("¿Coetzee? ¿Qué? Mire, aquí está el último de Coelho..."), me fui al Corte Inglés. Tengo que cambiar de librería.

Pillé Desgracia, al azar, porque me gusta hacer estas cosas así. Las recomendaciones a veces no ayudan. Luego me enteraría de que era, parece ser, el más recomendable. En fin. Al principio cuesta. Es una prosa sencilla, concisa, directa. Va a lo que va, y de repente, cae sobre ti con fuerza demoledora. En el mismo momento en el que empiezas a preguntarte a dónde quiere llegar, te enteras. Y no mola nada.

La prosa sigue siendo sencilla. Es, además, mentirosa. El chispazo de salida para todo lo que el autor quiere contar sobre el ser humano y más concretamente, el tema de Sudáfrica, estalla sin que te percates y sin ser en absoluto explícito. Para no destrozar nada, digamos que llegas a la escena en la que todo cobra sentido. Y a partir de ahí, las cosas dejan de tenerlo -al menos como lo conocíamos-, todo es difuso, cuestionable, el protagonista cree tenerlo todo muy claro y no es así. Ni siquiera cuando se lo explican.

El resto se lee solo. Caes por el libro como si fuera un tobogán, y acabas con esa sensación de pesadez, de incomodidad, de tristeza. Es duro.

Y claro, es muy recomendable.

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