Cine | Martes 21 de Septiembre, 2004
Roma: La última de Aristarain

por Bernardo [Weblog] [Mail]

Es al cuete: está el cine argentino, y está por otro lado Adolfo Aristarain.

Milan Kundera dice, en Los testamentos traicionados, que no hay peor forma de desmerecer a un artista, que reducirlo a las comparaciones regionales. Afirmar que determinado escritor es el más grande de las letras nacionales, equivale a quitarle la oportunidad de que su obra dialogue con la de sus pares universales.

Aristarain puede estar tranquilo, entonces. Su cine dialoga con el cine en serio, con universos tan definidos, interesantes y luminosos como el suyo.

Uno puede tranquilamente decir: "Entre los directores de cine, me gustan Scorsese, Fellini, Frears, Aristarain, Coppola".

Roma es una historia íntima, conversacional, trabajada con materiales tan en apariencia comunes, que no se entiende cómo ciertos diálogos no chirrian; determinados pasajes que en otro serían clichés, en la cámara de este narrador se acomodan, encastran y brillan. La palabra, desde luego, es nobleza.

Loco: cierren el INCAA y abran el Instituto Aristarain. Dénle toda la guita a este hombre para que haga como Woody Allen, y nos regale una película por año. El será feliz y nosotros también.

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