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La película la promocionan como una historia de amistad. Sin embargo, cuando salí del cine, fue una sensación muy distinta la que me llevaba.
Juan es un desocupado, de más de cincuenta años, que no ve a su esposa hace veinte años, y que vive con su hija, quien lo tolera porque no queda otra alternativa.
Bombón Le Chien, es un perro que fue comprado para iniciar un criadero de Dogos Argentinos, en la patagonia. Pero su dueño muere, y el perro queda relegado en un corral, en una estancia del sur argentino, que conoció tiempos mejores.
Juan le arregla el auto a una mujer que se había quedado en la ruta, y en pago, ésta le entrega a Bombón Le Chien.
Juan y Bombón no se eligen. Se aceptan mansamente. Situación que le permite a Juan, quien no tenía casi futuro, presentarse como criador de perros, y a Le Chien, a satisfacer -al menos en el final de la película- sus instintos. Los dos inician una nueva vida, que a primera vista, es mejor.
Sorín parece querer decir: si sos bueno, te va a suceder algo bueno, que te va a mejorar la vida.
Por eso digo que no vi una historia de amistad. Vi que Sorín se pregunta. ¿Qué posibilidad de felicidad puede tener el hombre en el contexto que le toca vivir? ¿Qué expectativa tiene de concretar sus sueños? ¿Cómo realizar sus proyectos?
El director de "Historias mínimas" encontró en Juan Villegas, la expresividad exacta para contar su historia. La gestualidad de este hombre le da al personaje una credibilidad única. Sorín, que es un enamorado de los perros, tuvo en Bombón un perfecto narrador de lo que quería decir.
Todo esto lo cuenta Sorín con un marco natural, donde la inmensidad de la patagonia, no es un elemento más. Ese paisaje yermo. Ese paisaje que huele irreverente ante la fragilidad del hombre, parece querer contar otra historia.
La galería de personajes que acompañan a los protagonistas es otro acierto del film. Pero si tuvuiera que destacar uno, la nena que debe recitar, y queda disfónica, es la que se destaca: impagable.
El Perro es otra expresión del buen momento que está atravesando el cine argentino. Como bien dice Brernardo, está el cine argentino y está Adolfo Aristarain. Humildemente digo, que también está Carlos Sorín, y muchos otros que logran conmovernos desde la pantalla.