Libros | Domingo 10 de Octubre, 2004
Hasta el último round

por Animal de Oscuridad [Weblog] [Mail]

Charles Bukowski (1920-1994): El Capitán Salió a Comer y los Marineros se Tomaron el Barco (The Captain is Out to Lunch and the Sailors Have Taken Over the Ship, 1998)

No fue amor a primera vista. Estábamos en Aguaclara, bajo río Anchicayá, en la selva del Pacífico de Colombia, en una playa sobre el río. Un pelado, que venía con una rubia adolescente de mirada inocentemente perversa, me pasó casi vehemente un libro de cuentos de Bukowski. Me hastié rapidamente de la violencia gratuita.

Luego, años después, vinieron esos 20 poemas recopilados en una colección de Mondadori, un libro al que acudo de tanto en tanto cuando a mi angustia le faltan palabras. Después con Ham on Rye descubrí que la prosa autobiográfica de Bukowski es también un poema violento en su naúsea, su ternura, su lucidez y su desdicha. Luego otro libro de poemas. Y hace poco, encontré en una librería en Cartagena este libro que reune estos apartes del diario de sus últimos meses (agosto 91-febrero 93).

La portada posterior de esta edición miente: el secreto que conocía Bukowski no era que nada tiene importancia, sino que todo, hasta lo más despreciable (que es uno) duele tanto que importa siempre. El escenario, en esos últimos años, era distinto: la comodidad, el lujo, la fama. El actor, el drama, era el mismo. Un hombre que ve hasta que sus ojos sangran.

Bukowski, como pocos, era un niño envejecido. Un niño violento, herido. Un niño perdido en una pesadilla atroz. Fue feliz, rabia y tristeza, con las palabras, con la dignidad de otros que caían, con la música clásica. Peleó siempre, aguantó duro. Y este viejo niño que contemplamos en su diario insiste: todo importa y nada, nada, nada tiene sentido.

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