Cine | Domingo 07 de Noviembre, 2004
Luna de Avellaneda

por Adrián [Weblog] [Mail]

No conozco nada de Argentina. No tengo familia, ni amigos, ni conocidos que tengan algo que ver. Me encuentro en la inopia más vergonzante sobre su historia y, en definitiva, lo más que sé lo sé por Mafalda. O por Quino. O por los dos.

Luna de Avellaneda es otra película de Ricardo Darín (aquí es a los cines "intelectuales" -o sea, en VOS- lo que Orlando Bloom al multicines) y de José Campanella. Y con Eduardo Blanco. Es, formalmente, clavadita a El hijo de la novia, sólo que más larga y con más personajes a los que observar. Narra las tribulaciones de un grupo de personas ante la mala situación del club social que mantienen y las inevitables soluciones que se imperan. Pero eso es un McGuffin, lo importante es que ese argumento sirve de hilo conductor para enseñarnos Argentina (o así lo veo yo) a través de las personas, y no de los hechos, o de lo que cruza el charco para convertirse en dato periodístico. Se transpira ese humor triste y nostálgico, y aunque se alarga y se reitera, revive al fin con ese diálogo entre el protagonista y el antagonista, tópico y dogmático, pero necesario para el epílogo.

Mi acompañante se aburrió como una ostra, porque la vio calcadita a El hijo de la novia. A mi me gustó, y sólo encontré de explicación dos cosas: que me descubro el sombrero ante la profesionalidad de Darín, y que a pesar de no tener nada relacionado con Argentina, cualquier cosa relacionada con ella me interesa e intriga. Y no sé por qué.

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