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Hace nueve años, Richard Linklater, nos sorprendía con “Antes del amanecer”.
Ahora, lo hace con la continuación de esta historia, donde los mismos protagonistas, se reencuentran en otro escenario. Aquella vez fue Viena, esta vez, París.
Jesse, ahora es escritor, y se encuentra allí, presentando el libro donde cuenta aquel encuentro. Celine es activista, y vive en París, después de haber vivido en diferentes lugares.
El film está contado en tiempo real. Los 80 minutos que le quedan a Jesse (Ethan Hawke) para dejar París, son los que pasa con Celine (Julie Delpy). La ciudad funciona como un personaje más: bares, calles, parques, río, casas, son el marco perfecto para que estos dos –ya no tan- jóvenes, recuerden aquella noche en la que se conocieron, y dialoguen sobre todo lo que puede ser parte de una conversación.
Linklater convocó a los actores para escribir esta secuela junto con ellos, y el resultado fue
mágico. Celine y Jesse pueden hablar de ellos mismos, al tiempo que establecen sus posiciones sobre el amor, las relaciones, la vocación pacifista de Jesse, la preocupación por el medio ambiente de Celine, los hijos, la familia, el deseo, el sexo, la política, la religión, los sueños, las sociedades violentas, etc. Todo cabe en esa charla.
Que una película comience en una librería, en la que Jesse está presentando su libro, y termine en la casa de la Celine, casa cuyas paredes están cubiertas de libros también, es toda una definición.
Que Linklater, a imitación de Godard, nos diga desde su cine que es necesario que nos eduquemos (tema que desarrolla extensamente en “Escuela de Rock”), no es sino otra pista más de que este culto director americano es un admirador de la nouvelle vague. Jesse es un moderno Antoine Doinel.
Un guiño particular para los argentinos que vean la película, es el nombre del gato de Celine: “Che”. Ella, ante la mirada pícara de Jesse, dice que “Che”es una voz argentina, que significa “oye”. Pero cuando entran en su casa, Celine tiene un cartel que evoca “La bodeguita del medio”...