Libros | Domingo 13 de Marzo, 2005
El Código Da Vinci: Nada nuevo bajo el sol

por Ginger [Weblog] [Mail]

Dan Brown no es ningún tonto. Utilizó las fórmulas que nunca fallan: un caso policial, un gran secreto con búsqueda de tesoro incluída, lo suficiente de religión como para enganchar sin exponerse demasiado, un personaje conocido por todo el mundo (Leonardo Da Vinci) y hasta un poquito de lujuria pero sin caer en el abuso. Y claro, también el romance.

El problema se presenta cuando uno ha leído demasiado. A medida que iba pasando las páginas yo pensaba: "¡pero esto ya lo escribió Eco en El Péndulo de Focault!", "¡Esta parte es de la saga de Los hijos del Grial!", "¡Le copió hasta a Selecciones la biografía de Leonardo!"... en fin, el hombre puso todo esto (y mucho más también) en una licuadora y se armó la historia.
No voy a dejar de reconocer que el libro es de lectura fácil y llevadero, y también que es capaz de plantear incógnitas hasta divertidas (pero no originales, entiéndase) para todos, pero eso sí: no se le ocurra analizarlo demasiado porque los números no le van a cerrar: que la historia ocurra en 24 horas no es increíble, lo insólito es que en ese tiempo dos personas son capaces de develar los secretos ocultos durante siglos, previa visita (siempre en el mismo tiempo) de ¡media Europa!.

Si hasta ahí vino bien, siga la lectura contento. Ahora, si espera que el final justifique los errores, lamento decirle que a esta altura va a querer buscar personalmente al autor para pedirle excusas. ¿Cómo explicarle? ¿vió esos finales traídos de los pelos? bueno, así.

Dejo a su criterio el gasto: si quiere pasar un rato entretenido sin ningún tipo de exigencia literaria, dele, dese el gusto, léase el Código Da Vinci. Pero después no diga que yo no le avisé.

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