Cine | Miércoles 01 de Junio, 2005
Ronda nocturna

por Franco [Weblog] [Mail]

Para el espectador desprevenido, la última película de Edgardo Cozarinsky (argentino, que se radicara por algunas décadas en París, donde desarrolló su carrera de cineasta), puede verse como una película más que muestra el submundo gay de Buenos Aires.
Pero Ronda nocturna es mucho más que eso.
Si bien el protagonista es un taxi boy que para en Pueyrredón y Santa Fe, la cámara de Javier Miquelez –que capta certeramente la intención del Cozarinsky, guionista y director-, propone una mirada sobre Buenos Aires más bien compleja.
En una noche muestra la belleza de la ciudad, los más variados escenarios (Recoleta, Constitución, Barrio norte, el centro, Chacarita, el barrio Chino, etc.), la vida glamorosa, el costado mafioso, la prostitución, la marginalidad, el trabajo desgastante de puesteros, y hasta lo que podría parecer una historia de amor.
La soberbia fotografía no desperdicia la frescura y gestualidad de un joven debutante (Gonzalo Heredia), que le pone el cuerpo a Víctor (un personaje que llega a ser querible), el protagonista. La noche de Buenos Aires luce su esplendor y su miseria por partes iguales.
Víctor, entonces, es la excusa para que la mirada del espectador descubra “las más variadas profesiones” que conviven en la noche porteña: una vendedora de flores, los taxi boys, las travestis, los policías que brindan “protección” (y en realidad esconden allí sus sentimientos), los reductos (más o menos exclusivos) de prostitución masculina, los patovicas, los taxistas, los mozos, los dealers (y sus clientes), los cartoneros. Todos ellos parecen surgir con la noche, como si el territorio del día les fuese ajeno.
En la historia del regresado Cozarinsky, la noche porteña (protagonista ella misma), alberga tanto a quienes sobreviven de los desperdicios de los otros, junto a quienes desde la más descarada opulencia, no les importa que los roben, mientras ellos se drogan (como en la escena del hotel).
Las caminatas por los costados de los cementerios de recoleta y chacarita, la mención de los muertos, las imágenes de gente que muere, el sueño del intento de homicidio, apuntan a mostrar una ciudad que no puede desentenderse de todos los signos de muerte que la estigmatizan. No en vano la historia transcurre la noche que va del 1 al 2 de noviembre (día de todos los muertos). Presumiblemente el autor y director quiso darle a su protagonista una nueva oportunidad de reencontrarse con sus muertos.
Si bien Ronda Nocturna puede incluirse en el grupo de películas argentinas que “no cuenta una historia”, la variedad de imágenes y sensaciones que deja en el espectador, las preguntas que se suscitan a partir de la propuesta visual y conceptual, la reflexión que puede iniciarse sobre cierta noche de Buenos Aires, me animan a recomendar esta nueva propuesta del cine argentino.

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