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Anteayer a la noche estuve en el teatro Gran Rex de Mendoza, viendo a "Gregory Hopkins y su Great Voices of Gospel". En una actuación en la que homenajeaban a Ray Charles y a Duke Ellington.
Este coro, 8 mujeres y 7 hombres, acompañados de un piano, una batería y un bajo, hicieron la música mas sentida que haya yo escuchado nunca.
Podría dejar salir mis años de teoría y solfeo para narrar el amplio registro de todos y cada uno, o la infinita capacidad de todos de hacer de solistas o de acompañar llegado el caso. Se podría hablar también de que bonita suena la batería cuando se trocan los palillos por las escobillas. Pero creo que eso es un tema menor.
Pocas veces sentí que la música pasara a travez de mi cuerpo como el sábado a la noche. Pocas veces tuve tantas ganas de que Dios exista, para que esos cantos tengan un destinatario sublime. De alguna manera en ese teatro, colmado de gente que pagó una entrada cara para la Argentina de hoy, sucedió algo mágico.
De repente algunas piezas del rompecabezas empezaban a encajar.
La suspensión voluntaria de la incredulidad de la que hemos hablado a veces, me permitió creer que, cuando ellos estiraban las manos al cielo con los ojos cerrados, eran correspondidos.
El Gospel, el Negro Spirituals junto con el Blues y el Jazz, desde hace un tiempo han ganado un lugarcito en mi colección de CD's. Desde el Sábado también un lugarcito en el corazón.
A riesgo de pecar de sensiblero debo narrarles que cuando dijeron que iban a homenajear a las víctimas vivas y muertas del Katrina a su manera, y acto seguido comenzaron a cantar "I see trees of green, red roses too..." creo que casi todo el público dejó de respirar, nunca escuché un silencio semejante. Hasta que se quebró con las lágrimas del cantante y nuestras al llegar a "What a wonderful world...".
Señores, si es que existe un Dios, es negro y canta spirituals.
Espero que tengan la suerte que lleguen a su ciudad.